de ningún hombre son necesarias para consumar la serie de mi ser y lograr lo que debe hacerse; pero se requiere la mía. No creas que tardaré en realizar este sacrificio. Abandonaré tu embarcación en la balsa de hielo que me trajo hasta aquí, y buscaré el extremo más septentrional del globo; recogeré mi pira funeraria y consumiré hasta las cenizas este mísero cuerpo, para que sus restos no ofrezcan ninguna luz a ningún desdichado curioso y profano que quisiera crear a otro como yo he sido. Moriré. Ya no sentiré las agonías que ahora me consumen, ni seré presa de sentimientos insatisfechos, pero inextintos. Ha muerto el que me trajo a la existencia; y cuando yo ya no exista, el recuerdo mismo de ambos se desvanecerá rápidamente. Ya no veré el sol ni las estrellas, ni sentiré los vientos jugar en mis mejillas. La luz, el sentimiento y los sentidos desaparecerán; y en esta condición debo hallar mi felicidad. Hace unos años, cuando las imágenes que este mundo ofrece se abrieron por primera vez ante mí, cuando sentí la cálida y reconfortante tibieza del verano, y escuché el susurro de las hojas y el trino de los pájaros, y todo eso lo era todo para mí, habría llorado al morir; ahora es mi único consuelo. Contaminado por los crímenes y desgarrado por el más amargo remordimiento, ¿dónde puedo hallar descanso sino en la muerte?». > «¡Adiós! Te dejo, y en ti al último de la humanidad que estos ojos contemplarán jamás. ¡Adiós, Frankenstein! Si aún estuvieras vivo, y conservaras aún el deseo de venganza contra mí, se saciaría mejor en mi vida que en mi destrucción. Pero no fue así; tú buscaste mi extinción, para que yo no causara mayor desdicha; y si aún, de algún modo que desconozco, no hubieras dejado de pensar y sentir, no desearías
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Walton, en continuación
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