así como la de estas buenas gentes; pero usted es demasiado considerado como para hacer preguntas». > —Desde luego; en verdad sería muy impertinente e inhumano por mi parte importunarle con mis indagaciones. > —Y, sin embargo, me rescató de una situación extraña y peligrosa; me ha devuelto benévolamente a la vida. > Poco después, me preguntó si creía que la ruptura del hielo había destruido el otro trineo. Le respondí que no podía responder con total certeza; pues el hielo no se había roto hasta cerca de la medianoche, y el viajero podría haber llegado a un lugar seguro antes de ese momento; pero de eso no podía juzgar. > A partir de entonces, un nuevo soplo de vida animó el quebrantado cuerpo del desconocido. Manifestó el mayor entusiasmo por subir a cubierta para vigilar el trineo que había aparecido antes; pero le he persuadido de que permanezca en el camarote, pues está demasiado débil para soportar la crudeza de la atmósfera. Le he prometido que alguien vigilará por él y le avisará al instante si aparece a la vista cualquier objeto nuevo. > Tal es mi diario de lo relativo a este extraño suceso hasta el día de hoy. La salud del forastero ha ido mejorando gradualmente, pero es muy callado y se muestra inquieto cuando alguien que no sea yo entra en su camarote. Con todo, sus modales son tan afables y apacibles que todos los marineros se sienten interesados por él, a pesar de haber tenido muy poca comunicación con él. Por mi parte, empiezo a quererlo como a un hermano; y su
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Carta IV
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