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nydus/FrankensteinPublic
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Capítulo XXI

Mr. Kirwin, al oír esta declaración, ordenó que me condujeran a la estancia donde el cadáver yacía para ser sepultado, con el fin de observar qué efecto produciría en mí la vista del mismo.

Esta idea probablemente le fue sugerida por la extrema agitación que había manifestado cuando se describió la forma del asesinato. Fui conducido, por consiguiente, por el magistrado y varias otras personas, a la posada.

No pude evitar sentirme impresionado por las extrañas coincidencias que habían tenido lugar durante aquella noche memorable; pero, sabiendo que había estado conversando con varias personas en la isla que había habitado alrededor de la hora en que se había encontrado el cadáver, me encontraba perfectamente tranquilo en cuanto a las consecuencias del asunto.

Entré en la habitación donde yacía el cadáver y me condujeron ante el ataud. ¿Cómo describir mis sensaciones al contemplarlo? Todavía me siento abrasado por el horror, ni puedo reflexionar sobre aquel terrible momento sin estremecerme y sufrir una agonía.

El examen, la presencia del magistrado y de los testigos, pasaron como un sueño por mi memoria al ver ante mí la inerte figura de Henry Clerval.

Me faltó el aliento; y, arrojándome sobre el cuerpo, exclamé: «¿Mis maquinaciones homicidas te han arrebatado también la vida, mi querido Henry? Ya he destruido a dos; otras víctimas aguardan su destino: pero tú, Clerval, amigo mío, benefactor mío...»

El cuerpo humano ya no pudo soportar las agonías que padecía, y fui sacado de la habitación con fuertes convulsiones.

A esto le siguió una fiebre. Estuve dos meses al borde de la muerte: mis delirios, según supe más tarde, fueron espantosos; me llamaba a mí mismo el asesino de William, de Justine y de Clerval.

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