conservación para evitar la tormenta que ya entonces se cernía en los astros, dispuesta a envolverme. Su victoria fue anunciada por una tranquilidad y una alegría de alma desacostumbradas, que siguieron al abandono de mis antiguos y últimamente atormentadores estudios. Fue así como se me iba a enseñar a asociar el mal con la prosecución de estos, y la felicidad con su desprecio.
Fue un gran esfuerzo del espíritu del bien; pero resultó inútil. El destino era demasiado poderoso, y sus leyes inmutables habían decretado mi absoluta y terrible destrucción.