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nydus/MiddlemarchPublic
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LXV

Uno de los dos debe ceder sin duda, Y, ya que un hombre es más razonable Que la mujer, vosotras [las mujeres] debéis ser tolerantes.

La tendencia de la naturaleza humana a ser remisa en la correspondencia triunfa incluso sobre el actual aceleramiento en el ritmo general de las cosas; ¿qué extraña entonces que en 1832 el viejo Sir Godwin Lydgate tardara en escribir una carta que importaba más a otros que a él mismo?

Ya habían transcurrido casi tres semanas del año nuevo, y Rosamond, a la espera de una respuesta a su cautivadora súplica, se veía defraudada todos los días. Lydgate, en absoluta ignorancia de las expectativas de ella, iba viendo llegar las facturas y sentía que el uso que Dover hacía de su ventaja frente a otros acreedores era inminente.

Nunca le había mencionado a Rosamond su meditado propósito de ir a Quallingham: no quería admitir lo que a los ojos de ella parecería una concesión a sus deseos tras una negativa indignada, hasta el último momento; pero en verdad esperaba partir pronto. Un trozo de ferrocarril le permitiría resolver todo el viaje de ida y vuelta en cuatro días.

Pero una mañana, después de que Lydgate hubiera salido, llegó una carta dirigida a él que Rosamond vio claramente que era de Sir Godwin. Estaba llena de esperanza. Tal vez hubiera una nota particular para ella dentro; pero a Lydgate se le dirigía naturalmente sobre la cuestión de dinero u otra ayuda, y el hecho de que le hubieran escrito, es más, la demora misma en escribir, parecía certificar que la respuesta era de total conformidad. Estaba demasiado agitada por estos pensamientos para hacer otra cosa que coser a puntadas ligeras en un rincón cálido del comedor, con el

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