“No armaría ningún escándalo por ello. Si le gusta ser pobre, ese es su asunto. Nadie habría dicho nada si se hubiera casado con el muchacho porque era rico. Muchos clérigos con beneficios son más pobres de lo que serán ellos.
Aquí está Elinor —continuó el provocador marido—; ella disgustó a sus amigos por mi culpa: apenas tenía mil libras al año—yo era un paleto—nadie le veía gracia alguna a mi persona—mis zapatos no tenían el corte adecuado—todos los hombres se preguntaban cómo una mujer podía gustar de mí. ¡Palabra de honor, debo ponerme del lado de Ladislaw hasta que oiga algo peor de él!”.
—Humphrey, eso es pura sofistería, y tú lo sabes —dijo su mujer—. Todo es una misma cosa; ese es tu principio y tu fin. ¡Como si no hubieras sido un Cadwallader! ¿Se cree alguien que habría tomado a un monstruo como tú con cualquier