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nydus/MiddlemarchPublic
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LXI

Hubo horas en que Bulstrode sintió que su acto era inicuo; ¿pero cómo podía volverse atrás? Hacía ejercicios mentales, se consideraba a sí mismo como nada, seferraba a la redención y seguía adelante en su camino de instrumentalidad. Y al cabo de cinco años la Muerte volvió de nuevo a ensancharle el camino llevándose a su esposa. Fue retirando gradualmente su capital, pero no hizo los sacrificios necesarios para poner fin al negocio, que continuó durante trece años más antes de desplomarse definitivamente. Mientras tanto, Nicholas Bulstrode había utilizado sus cien mil con discreción, y había adquirido una importancia provinciana y sólida: banquero, miembro de la Iglesia, benefactor público; también socio capitalista en empresas comerciales, en las cuales su habilidad se orientaba a la economía de la materia prima, como en el caso de los tintes que arruinaron la seda del señor Vincy. Y ahora, cuando esta respetabilidad había durado imperturbable cerca de treinta años —cuando todo lo que la precedía llevaba ya mucho tiempo aletargado en la conciencia—, ese pasado había resurgido e inundado su pensamiento como con la terrible irrupción de un nuevo sentido que abrumaba a aquel ser débil.

Entre tanto, en su conversación con Raffles, se había enterado de algo trascendental, algo que participaba activamente en el combate de sus anhelos y sus terrores. Por ahí, pensaba, se abría una vía hacia la salvación espiritual y, tal vez, material.

El rescate de tipo espiritual era para él una necesidad genuina. Podrá haber hipócritas vulgares que afecten conscientemente creencias y emociones con el fin de engañar al mundo, pero Bulstrode no era uno de ellos. Era simplemente un hombre cuyos deseos habían sido más fuertes que sus convicciones teóricas, y que poco a poco había ido interpretando la gratificación de sus deseos de modo que concordaran de forma satisfactoria con dichas creencias.

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