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nydus/MiddlemarchPublic
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LXVI

menos rigurosa debido a que a menudo la llevaba a cabo por la noche en casa del señor Garth, bajo la mirada de Mary. Pero las últimas dos semanas, Mary se habia alojado en la rectoría de Lowick con las damas de allí, durante la estancia del señor Farebrother en Middlemarch, donde estaba llevando a cabo algunos planes parroquiales; y Fred, al no ver nada más divertido que hacer, se había dejado caer por el Dragón Verde, en parte para jugar al billar, en parte para saborear el viejo regusto de la charla sobre caballos, apuestas y asuntos en general, contemplados desde un punto de vista que no era estrictamente correcto. No había salido a cazar ni una sola vez en esa temporada, no había tenido ningún caballo propio que montar y había ido de un lado a otro principalmente con el señor Garth en su calesa, o en el sobrio jamelgo que el señor Garth podía prestarle. Ya era demasiado, empezaba a pensar Fred, que lo tuvieran sujeto a las riendas con más rigor que si hubiera sido clérigo. > «Te diré una cosa, señora Mary: va a ser bastante más duro aprender agrimensura y a trazar planos de lo que habría sido escribir sermones», le había dicho, deseando que ella valorara lo que pasaba por su causa; «y en cuanto a Hércules y Teseo, no eran nada a mi lado. Ellos se divertían y jamás aprendieron a escribir con letra de contable». Y ahora, estando Mary ausente por un breve tiempo, Fred, como cualquier otro perro vigoroso que no puede zafarse del collar, había arrancado la argolla de su cadena y se había dado una pequeña escapada, sin pretender por supuesto ir muy lejos ni deprisa. No había motivo alguno por el cual no debiera jugar al billar, pero estaba decidido a no apostar. En cuanto al dinero en ese momento, Fred tenía en mente el heroico proyecto de ahorrar casi la totalidad de los ochenta libras que el

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