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nydus/MiddlemarchPublic
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LXXVI

palabras, y apoyando el brazo en el respaldo del gran sillón de cuero en el que había estado sentado. > “Es bueno que usted tenga tales sentimientos. Pero yo no soy el hombre que deba permitirse sacar provecho de ellos. No he dado suficientes garantías. Debo no caer, al menos, en la degradación de recibir una pensión por un trabajo que nunca realicé. Me queda muy claro que no debo contar con otra cosa que con irme de Middlemarch tan pronto como logre apañármelas. En el mejor de los casos, no podría conseguir ingresos aquí ni en mucho tiempo, y —y es más fácil hacer los cambios necesarios en un lugar nuevo. Debo hacer lo que hacen los otros hombres, y pensar en lo que complacerá al mundo y traerá dinero; buscar una pequeña rendija en la multitud de Londres y hacerme espacio; establecerme en un balneario, o ir a alguna ciudad del sur donde abunden los ingleses ociosos, y hacerme dar publicidad —esa es la clase de caparazón en el que debo meterme e intentar mantener viva mi

—Eso no es ser valiente —dijo Dorotea—, es abandonar la lucha.

—No, no es valentía —dijo Lydgate—, ¿pero y si un hombre le teme a la parálisis progresiva?

Luego, en otro tono: —Aun así, usted ha cambiado mucho mi valor al creer en mí. Todo parece más soportable desde que he hablado con usted; y si puede exonerarme ante algunas otras mentes, especialmente la de Farebrother, se lo estaré profundamente agradecido.

El punto que le ruego que no mencione es el hecho de la desobediencia a mis órdenes. Eso no tardaría en distorsionarse. Después de todo, no hay más pruebas a mi favor que la opinión que la gente ya tiene de mí. Usted solo puede repetir lo que yo mismo digo de mí.

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