Todo límite es un comienzo además de un final. ¿Quién puede dejar atrás vidas jóvenes tras haber hecho largo camino con ellas, y no desear saber qué fue de ellas en sus años posteriores?
Pues el fragmento de una vida, por muy típica que sea, no es la muestra de un tejido uniforme:
- las promesas pueden no cumplirse, y a un comienzo fervoroso puede seguirle una decadencia;
- las facultades latentes pueden encontrar su tan esperada oportunidad;
- un error del pasado puede impulsar un gran redención.
El matrimonio, que ha sido el término de tantas narraciones, sigue siendo un gran comienzo, como lo fue para Adán y Eva, quienes pasaron su luna de miel en el Edén, pero tuvieron a su primer pequeño entre las espinas y los abrojos del desierto. Sigue siendo el comienzo de la epopeya del hogar: la conquista gradual o la pérdida irremediable de esa unión completa que hace de los años venideros un clímax, y de la vejez la cosecha de dulces recuerdos en común.
Algunos parten, como antiguos cruzados, con un glorioso equipamiento de esperanza y entusiasmo, y quedan quebrados por el camino, faltos de paciencia el uno con el otro y con el mundo.
Todos los que se han interesado por Fred Vincy y Mary Garth se alegrarán de saber que estos dos no sufrieron tal fracaso, sino que lograron una sólida felicidad mutua. Fred sorprendió a sus vecinos de diversas maneras. Llegó a ser un agricultor teórico y práctico bastante distinguido en su parte del