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nydus/MiddlemarchPublic
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LXX

Sus inquietudes se dirigían continuamente hacia Lydgate, y su recuerdo de lo que había ocurrido entre ellos la mañana anterior venía acompañado de sensibilidades que no se habían despertado en absoluto durante la escena misma.

Entonces le importaban muy poco las dolorosas impresiones de Lydgate con respecto al cambio sugerido en el Hospital, ni la disposición hacia su persona que pudiera suscitar lo que él consideraba su justificada negativa a una petición bastante exorbitante.

Ahora volvía sobre la escena con la percepción de que probablemente se había hecho de Lydgate su enemigo, y con el deseo latente de congraciarse con él, o más bien de crear en él un fuerte sentimiento de obligación personal.

Lamentaba no haber hecho de inmediato un sacrificio de dinero, por irrazonable que fuera. Pues en caso de sospechas desagradables, o incluso de conocimientos recabados del delirio de Raffles, Bulstrode habría sentido que contaba con una defensa en la mente de Lydgate por haberle conferido un beneficio trascendental.

Pero el arrepentimiento tal vez había llegado demasiado tarde.

Extraño y lastimoso conflicto en el alma de este infeliz, que durante años había anhelado ser mejor de lo que era, que había sometido a disciplina sus pasiones egoístas y las había vestido con austeras túnicas, de modo que había caminado con ellas como si fueran un coro devoto, hasta que ahora el terror había surgido entre ellas y ya no podían entonar sus cantos, sino que lanzaban sus gritos comunes en busca de salvación.

Era casi mediodía cuando llegó Lydgate: tenía la intención de venir antes, pero se había visto retenido, según dijo; y Balstrode advirtió su aspecto abatido.

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