CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/MiddlemarchPublic
Page 1053 of 1251
Table of Contents

LXIX

cuenta entre las aflicciones de los ricos; al principio había atribuido el parentesco al señor Rigg, y donde quedaban bienes por heredar, la zumbona presencia de moscas cojoneras de ese calibre parecía de lo más natural. Cómo podía ser «pariente» de Bulstrode también no estaba tan claro, pero la señora Abel coincidía con su esposo en que «nunca se sabe», una afirmación que le aportaba un gran alimento mental, de modo que se limitaba a menear la cabeza al respecto sin mayores especulaciones.

En menos de una hora llegó Lydgate. Bulstrode salió a recibirlo al pasillo revestido de madera, donde estaba Raffles, y le dijo:

Le he hecho venir, señor Lydgate, para ver a un hombre desdichado que estuvo a mi servicio hace muchos años. Después se fue a América y temo que allí volvió a una vida ociosa y disoluta. Al encontrarse en la miseria, tiene derecho a reclamar mi ayuda. Estaba vagamente emparentado con Rigg, el antiguo dueño de esta propiedad, y a consecuencia de ello vino a parar aquí. Creo que está gravemente enfermo; al parecer, tiene la mente afectada. Me siento obligado a hacer todo lo posible por él.

Lydgate, que tenía muy presente el recuerdo de su última conversación con Bulstrode, no estaba dispuesto a dirigirle ni una palabra innecesaria y respondió a esta explicación con una ligera inclinación de cabeza; pero justo antes de entrar en la habitación, se giró automáticamente y dijo: «¿Cómo se llama?», ya que saber los nombres forma parte de las aptitudes del médico tanto como las del político práctico.

—Raffles, John Raffles —dijo Bulstrode, quien esperaba que, fuere de Raffles lo que fuere, Lydgate nunca llegara a saber nada más de él.

Cuando hubo examinado y considerado minuciosamente al paciente, Lydgate ordenó que se fuera a la cama y que se le mantuviera allí en la mayor quietud posible, y luego fue con Bulstrode a otra habitación.

1053