carta más sensata posible —una que impresionaría a Sir Godwin como prueba de su excelente juicio—, señalando lo conveniente que era que Tertius abandonara un lugar como Middlemarch por otro más adecuado a su talento, cómo el carácter desagradable de los habitantes había obstaculizado su éxito profesional y cómo, en consecuencia, se encontraba en apuros económicos de los que se requerirían mil libras para sacarlo por completo. No dijo que Tertius ignoraba su intención de escribir; pues tenía la idea de que su supuesto consentimiento a la carta concordaría con lo que sí decía acerca de la gran estima que él profesaba a su tío Godwin como el pariente que siempre había sido su mejor amigo. Tal era la fuerza de las pobres tácticas de Rosamond ahora que las aplicaba a los asuntos de la vida.
Esto había ocurrido antes de la fiesta del día de Año Nuevo, y aún no había llegado ninguna respuesta de Sir Godwin. Pero en la mañana de aquel día Lydgate tuvo que enterarse de que Rosamond había revocado su encargo a Borthrop Trumbull. Sintiendo la necesidad de que ella se acostumbrara gradualmente a la idea de abandonar la casa en Lowick Gate, venció su reticencia a hablarle de nuevo sobre el asunto y, mientras desayunaban, dijo—
—Procuraré ver a Trumbull esta mañana y le diré que ponga un anuncio de la casa en el Pioneer y en el Trumpet. Si se anunciara la cosa, tal vez alguien se decidiría a tomarla que de otro modo no habría pensado en mudarse. En estos lugares de provincia mucha gente sigue en sus viejas casas cuando sus familias son ya demasiado grandes para ellas, por falta de saber dónde pueden encontrar otra. Y Trumbull parece no haber picado en absoluto.
Rosamond sabía que había llegado el momento inevitable.
—Le ordené a Trumbull que no investigara más —dijo, con una calma calculada que era evidentemente defensiva.