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nydus/MiddlemarchPublic
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Capítulo XII

Vete a la ventana, muchacha; me ha parecido oír un caballo. Mira a ver si viene el médico.

—No lo he urdido yo, hermano, ni tampoco Salomón, quien, sea lo que fuere —y no niego que tiene sus rarezas—, ha hecho su testamento y ha repartido sus bienes por igual entre aquellos parientes con los que se lleva bien; aunque, por mi parte, creo que hay momentos en que se debe tener más en cuenta a unos que a otros. Pero Salomón no le hace un secreto a nadie de lo que piensa hacer.

—¡Más tonto él! —dijo el señor Featherstone con cierta dificultad, rompiendo en un severo acceso de tos que obligó a Mary Garth a acercarse a él, por lo que no se enteró de qué caballos eran los que al poco rato se detuvieron piafando sobre la grava ante la puerta.

Antes de que la tos del señor Featherstone se calmará, entró Rosamond, recogiendo su hábito de montar con mucha gracia. Saludó con una reverencia ceremoniosa a la señora Waule, quien dijo con rigidez: «¿Cómo está, señorita?», sonrió y asintió en silencio a Mary, y permaneció de pie hasta que cesara la tos y permitiera que su tío reparara en ella.

—¡Vaya, señorita! —dijo al fin—, tiene usted un buen color. ¿Dónde está Fred?

“Mirando lo de los caballos. Entrará enseguida”.

“Siéntese, siéntese. Señora Waule, será mejor que se vaya”.

Aun aquellos vecinos que habían llamado viejo zorro a Peter Featherstone nunca lo habían acusado de ser falsamente educado, y su hermana estaba muy acostumbrada a la peculiar falta de ceremonia con la que él manifestaba su sentido de los lazos de sangre. En verdad, ella misma estaba acostumbrada a pensar que la total libertad de la necesidad de portarse de manera agradable estaba incluida en los

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