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nydus/The Sun Also RisesPublic
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XII

No sentí la picada de la primera trucha. Cuando comencé a tirar hacia arriba sentí que tenía una y la saqué, luchando y doblando la caña casi al doble, del agua hirviente al pie de la cascada, y la columpié hacia arriba y sobre la presa. Era una buena trucha, y le golpeé la cabeza contra la madera para que se estirara temblando, y luego la deslicé dentro de mi bolso.

Mientras lo tenía enganchado, varias truchas habían saltado en la cascada. En cuanto puse cebo y volví a echar la caña, clavé otra y la saqué de la misma manera. Al poco rato tenía seis.

Eran todas del mismo tamaño. Las puse en fila, una al lado de la otra, con todas las cabezas apuntando hacia el mismo lado, y las miré. Tenían unos colores preciosos, y eran firmes y duras por el agua fría.

Hacía un día caluroso, así que las abrí todas y les saqué las entrañas, las agallas y todo, y las arrojé al otro lado del río. Lleve las truchas a la orilla, las lavé en el agua fría, espesa y mansa de arriba de la presa, y luego cogí unos helechos y las metí todas en la bolsa,

  • tres truchas sobre una capa de helechos,
  • luego otra capa de helechos,
  • luego tres truchas más,
  • y después las cubrí con helechos.

Se veían bien entre los helechos, y ahora la bolsa abultaba, así que la puse a la sombra del árbol.

Hacía mucho calor en la presa, así que puse mi bote de lombrices a la sombra con la bolsa, saqué un libro de la mochila y me instalé bajo el árbol a leer hasta que Bill subiera a almorzar.

Era un poco más del mediodía y no había mucha sombra, pero me senté contra el tronco de dos árboles que crecían juntos, y leí. El libro era

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