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nydus/The Sun Also RisesPublic
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VI

A las cinco estaba en el Hotel Crillon esperando a Brett. No había llegado, así que me senté a escribir unas cartas. No eran muy buenas cartas, pero esperaba que el papel con el membrete del Crillon ayudara.

Brett no apareció, así que sobre las seis menos cuarto bajé al bar y me tomé un Jack Rose con George, el camarero. Brett tampoco había estado en el bar, así que la busqué arriba de camino a la salida y tomé un taxi hacia el Café Select.

Al cruzar el Sena vi una fila de gánguiles que, vacíos, remolcaban corriente abajo; iban muy altos sobre el agua y los barqueros bogaban con losremos al acercarse al puente. El río tenía buen aspecto. Siempre era agradable cruzar los puentes en París.

El taxi bordeó la estatua del inventor del telégrafo óptico ocupado en ejercer su oficio, dobló por el bulevar Raspail y me recosté para dejar que pasara ese trozo del trayecto.

El bulevar Raspail siempre se hacía aburrido de recorrer en coche. Era como cierto tramo de la P.L.M. entre Fontainebleau y Montereau que siempre lograba hacerme sentir aburrido, muerto y apagado hasta que terminaba.

Supongo que es alguna asociación de ideas lo que crea esos lugares muertos en un viaje. Hay otras calles en París tan feas como el bulevar Raspail. Es una calle por la que no me importa nada caminar. Pero no soporto ir en vehículo por ella.

Quizá había leído algo sobre ella alguna vez. Así era Robert Cohn con todo París. Me preguntaba de dónde había sacado Cohn esa incapacidad para disfrutar de París. Posiblemente de Mencken. Mencken odia París, creo. Tantos jóvenes adquieren sus simpatías y antipatías de Mencken.

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