blancos había llegado, pues por toda su tierra no se oía hablar más que de su muerte y su derrocamiento. Aun así, siendo un hombre prudente, hizo planes para que, viniera lo que viniese, al menos la mitad de su tesoro le quedara. Lo que tenía en oro y plata lo guardó consigo en las bóvedas de su palacio, pero las piedras más preciosas y las perlas más selectas que poseía las metió en una caja de hierro y se la mandó a un criado de confianza que, bajo la apariencia de un mercader, debía llevarla al fuerte de Agra, para que allí reposara hasta que la tierra estuviera en paz. Así, si los rebeldes vencían, él tendría su dinero, pero si la Compañía conquistaba, sus joyas se salvarían. Habiendo dividido así su caudal, se entregó a la causa de los cipayos, ya que estos eran fuertes en sus fronteras. Al hacer esto, tened en cuenta, sahib, su propiedad pasa a pertenecer de derecho a aquellos que han sido fieles a su juramento.”
«“Este falso mercader, que viaja bajo el nombre de Achmet, se encuentra ahora en la ciudad de Agra y desea entrar en el fuerte. Lleva consigo como