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nydus/The Sign of the FourPublic
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XII. La extraña historia de Jonathan Small

“Por entonces nos ganábamos la vida haciendo que el pobre Tonga se exhibiera en ferias y otros lugares por el estilo como el caníbal negro. Comía carne cruda y bailaba su danza de guerra, de modo que al final de la jornada siempre teníamos la gorra llena de peniques. Yo seguía al corriente de todas las noticias de Pondicherry Lodge, y durante algunos años no hubo ninguna noticia que escuchar, salvo que seguían buscando el tesoro. Por fin, sin embargo, llegó aquello que tanto habíamos esperado. Habían encontrado el tesoro. Estaba en lo alto de la casa, en el laboratorio químico del señor Bartholomew Sholto. Fui en el acto y eché un vistazo al lugar, pero no veía cómo, con mi pata de palo, iba a ser capaz de subir hasta allí. Me enteré, no obstante, de la existencia de una trampilla en el tejado, y también de la hora de la cena del señor Sholto. Me pareció que podía arreglármelas fácilmente por medio de Tonga. Lo traje conmigo con una larga cuerda enrollada a la cintura. Él sabía trepar como un gato, y no tardó en abrirse paso a través del tejado, pero, para desgracia suya, Bartholomew Sholto seguía todavía en la habitación, lo cual le costó la vida. Tonga creía que había hecho una gran pro cuando lo mató, pues al subir yo por la cuerda lo encontré pavoneándose tan orgulloso como un pavo real. Se quedó muy sorprendido cuando me abalancé sobre él con un cabo de cuerda y lo maldije por pequeño duendecillo sangriento. Cogí el cofre del tesoro y lo bajé, y luego me deslicé yo mismo, habiendo dejado antes la marca de los cuatro sobre la mesa, para demostrar que las joyas habían vuelto por fin a aquellos que tenían más derecho a ellas. Tonga subió entonces la cuerda, cerró la ventana y se largó por el camino por el que había venido.

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