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nydus/The Sign of the FourPublic
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XII. La extraña historia de Jonathan Small

—«Considere, Sahib —dijo él—, que si este hombre es capturado por el comandante, será ahorcado o fusilado, y sus joyas tomadas por el gobierno, de modo que nadie obtendrá una rupia de provecho por ellas. Ahora bien, ya que nosotros nos encargamos de capturarlo, ¿por qué no habríamos de encargarnos del resto también? Las joyas estarán tan bien con nosostros como en las arcas de la Compañía. Habrá suficiente para hacernos a todos hombres ricos y grandes jefes. Nadie puede enterarse del asunto, pues aquí estamos aislados de todo el mundo. ¿Qué podría ser mejor para tal propósito? Díganos de nuevo, pues, Sahib, si está con nosotros, o si debemos considerarlo un enemigo».

—«Estoy contigo en cuerpo y alma», le dije.

—Bien está —respondió, devolviéndome el fusil—. Ve que confiamos en usted, pues su palabra, al igual que la nuestra, no se puede quebrantar. Ahora solo nos queda esperar a mi hermano y al mercader.

—«¿Sabe tu hermano, entonces, lo que vas a hacer?», le pregunté.

“—El plan es suyo. Él lo ha ideado. Iremos a la puerta y compartiremos la guardia con Muhammad Singh”.

“La lluvia seguía cayendo sin cesar, pues era apenas el comienzo de la estación húmeda.

Nubes marrones y densas cruzaban el cielo a la deriva, y era difícil ver a más de un tiro de piedra.

Un foso profundo se extendía frente a nuestra puerta, pero el agua en algunos puntos estaba casi seca, por lo que se podía cruzar fácilmente.

Me resultaba extraña la sensación de estar allí con aquellos dos salvajes panyabíes, esperando al hombre que iba a su muerte.

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