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nydus/The Sign of the FourPublic
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XII. La extraña historia de Jonathan Small

“Bien, si tuviera que contarles todas las aventuras por las que pasamos mi pequeño camarada y yo, no me lo agradecerían, pues los tendría aquí hasta que saliera el sol. De aquí para allá fuimos vagando por el mundo, siempre surgiendo algo que nos impedía volver a Londres. Todo ese tiempo, sin embargo, jamás perdí de vista mi propósito. Soñaba con Sholto por las noches. Cien veces lo maté mientras dormía. Al fin, no obstante, hace unos tres o cuatro años, nos encontramos en Inglaterra. No me costó gran trabajo averiguar dónde vivía Sholto, y me puse manos a la obra para descubrir si había vendido el tesoro o si todavía lo conservaba. Hice amistad con alguien que podía ayudarme⁠ —no doy nombres, porque no quiero meter a nadie más en un lío⁠— y pronto descubrí que aún tenía las joyas. Intenté entonces acercarme a él de muchas maneras; pero era bastante astuto, y siempre tenía a dos boxeadores profesionales, además de a sus hijos y a su khitmutgar, vigilándolo.

«Un día, sin embargo, me llegó la noticia de que se estaba muriendo. Me apresuré de inmediato hacia el jardín, enfurecido de que se me escapara de las manos de ese modo, y, al mirar a través de la ventana, lo vi tendido en su cama, con sus hijos a cada lado. Habría entrado y me la habría jugado con los tres, solo que, incluso mientras lo miraba, se le cayó la mandíbula y supe que se había ido.

Sin embargo, entré en su habitación esa misma noche y busqué entre sus papeles para ver si había algún registro de dónde había ocultado nuestras joyas. No había ni una sola línea, sin embargo: así que me marché, tan amargado y salvaje como puede ser un hombre.

Antes de irme se me ocurrió que, si alguna vez volvía a encontrarme con mis amigos sijs, sería una satisfacción saber que había dejado alguna señal de nuestro odio: así que garabateé la señal de los cuatro, tal como estaba en el plano, y la alfileré en su pecho. Era el colmo que se lo llevara a la tumba sin alguna muestra de parte de los hombres a los que había robado y tomado el pelo».

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