Con la lengua fuera y los ojos parpadeantes, Toby se quedó de pie sobre el tonel, mirando al uno y al otro en busca de alguna muestra de aprobación. Las duelas del barril y las ruedas de la carretilla estaban manchadas de un líquido oscuro, y todo el ambiente era denso con el olor a creosota.
Sherlock Holmes y yo nos miramos con estupor, y luego estallamos simultáneamente en un ataque de risa incontenible.