El simple sentimiento de posesión me ha sido tan querido que no he podido soportar la idea de compartirlo con otra persona. Vean esa diadema bañada en perlas junto al frasco de quinina. Ni siquiera de eso he podido desprenderse, aunque la había sacado con la intención de enviársela. Ustedes, hijos míos, le darán su justa parte del tesoro de Agra. Pero no le envíen nada —ni siquiera la diadema— hasta que yo haya muerto. Al fin y al cabo, ha habido hombres tan malos como este que se han recuperado».
—«Te diré cómo murió Morstan —continuó—. Desde hacía años padecía de debilidad en el corazón, pero se lo ocultaba a todo el mundo. Solo yo lo sabía. Estando en la India, él y yo, mediante una serie extraordinaria de circunstancias, entramos en posesión de un tesoro considerable. Yo lo traje a Inglaterra, y la noche de la llegada de Morstan vino directamente aquí a reclamar su parte. Llegó a pie desde la estación y le abrió mi fiel Lal Chowdar, que ahora ya ha muerto. Morstan y yo tuvimos diferencias de opinión en cuanto a la división del tesoro, y llegamos a las palabras encendidas. Morstan se había levantado de un salto de su silla en un paroxismo de cólera, cuando de repente se llevó la mano al costado, su rostro adquirió un tono ceniciento y cayó hacia atrás, golpeándose la cabeza contra la esquina del cofre del tesoro. Cuando me incliné sobre él, descubrí, con horror, que estaba muerto.
—«Durante mucho tiempo me quedé medio aturdido, preguntándome qué debía hacer. Mi primer impulso fue, por supuesto, pedir ayuda; pero no pude por menos que reconocer que había muchas probabilidades de que me acusaran de su asesinato. Su muerte en el momento de una pelea, y la brecha en su cabeza, jugarían en mi contra de manera implacable. Por otra parte, no se podía llevar a cabo una investigación oficial sin que salieran a la luz ciertos hechos acerca del tesoro, que me interesaba especialmente mantener en secreto. Él me había dicho que ni un alma viviente sabía adónde había ido. No parecía haber ninguna necesidad de que ninguna alma llegara a saberlo jamás.