«—Pues bien, en cuanto a eso, caballeros —contesté, intentando mostrarme también tranquilo, pero sintiéndome tan agitado como él—, solo hay un trato que un hombre en mi situación puede hacer. Necesitaré que me ayuden a alcanzar mi libertad y que ayuden a mis tres compañeros a conseguir la suya. Luego los integraremos como socios y les daremos una quinta parte para que se la dividan entre ustedes».
—«¡Hum! —dijo él—. ¡Una quinta parte! No resulta muy tentador».
—«Tocarían a cincuenta mil para cada uno», dije yo.
“ —Pero ¿cómo podemos conseguir tu libertad? Bien sabes que pides una imposibilidad”.
—«Nada de eso —contesté—. Lo he pensado todo hasta el último detalle. El único obstáculo para nuestra huida es que no podemos conseguir ningún barco apto para la travesía, ni provisiones que nos duren tanto tiempo. Hay montones de pequeños yates y yolas en Calcuta o Madrás que nos servirían perfectamente. Traiga usted uno. Nosotros nos comprometeremos a subir a bordo de noche, y si nos deja en cualquier punto de la costa de la India, habrá cumplido su parte del trato».
“—Si hubiera uno solo —dijo—
—«Ninguno o todos», contesté—. Lo hemos jurado. Los cuatro debemos actuar siempre juntos.
—«Vea, Morstan —dijo él—, Small es un hombre de palabra. No le falla a su amigo. Creo que bien podemos confiar en él».
“—Es un negocio sucio —respondió el otro—. Y sin embargo, como dices, el dinero salvaría nuestras comisiones sobradamente”.