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nydus/The Sign of the FourPublic
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XII. La extraña historia de Jonathan Small

pensamiento extrañísimo y me indicó dónde podía poner mano en un arma. Me senté en la oscuridad y me desaté la pierna de palo. Con tres grandes saltos estuve sobre él. Se llevó la carabina al hombro, pero le asesté un golpe de lleno y le hundí toda la parte delantera del cráneo. Todavía se puede ver la grieta en la madera allí donde le pegué. Los dos fuimos a dar al suelo juntos, pues no pude mantener el equilibrio, pero cuando me levanté lo hallé todavía bastante quieto. Me dirigí hacia el bote, y en una hora nos adentramos mar adentro. Tonga se había traído todas sus pertenencias terrenales, sus armas y sus dioses. Entre otras cosas, tenía una larga lanza de bambú y unas esteras de coco de las Andamán, con las que fabriqué una especie de vela. Durante diez días estuvimos dando bordadas, fiándonos de la suerte, y al undécimo nos recogió un mercante que iba de Singapur a Yida con un cargamento de peregrinos malayos. Eran una gente rara, y Tonga y yo no tardamos en arreglárnoslas para instalarnos entre ellos. Tenían una cualidad muy buena: te dejaban en paz y no hacían preguntas.

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