teniendo en cuenta que pertenecen a la media, al no haber tenido oportunidades previas, los resultados son verdaderamente muy gratificantes. Lo más importante que han adquirido —un rasgo poco común en los niños de escuela ordinaria— es el amor por el estudio, el deseo de saber, de estar informados. Han aprendido un método de trabajo nuevo, uno que agudiza la memoria y estimula la imaginación. Hacemos un esfuerzo particular para despertar el interés del niño por su entorno, para hacerle comprender la importancia de la observación, la investigación y la reflexión, de modo que, cuando los niños alcancen la madurez, no sean sordos ni ciegos a las cosas que los rodean. Nuestros niños nunca aceptan nada por fe ciega, sin indagar el porqué y el para qué; ni tampoco se sienten satisfechos hasta que sus preguntas son respondidas a fondo. Así, sus mentes están libres de dudas y del miedo resultante de respuestas incompletas o falsas; son estas últimas las que deforman el crecimiento del niño y crean una falta de confianza en sí mismo y en quienes lo rodean.
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Francisco Ferrer y la Escuela Moderna
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