Su visión estrecha y puritana desterró al hombre, considerándolo un elemento perturbador y de dudosa catadura, de su vida emocional. No se podía tolerar al hombre a ningún precio, salvo tal vez como padre de una criatura, ya que un hijo no puede venir al mundo muy bien sin un padre. Afortunadamente, los puritanos más rígidos nunca serán lo suficientemente fuertes como para matar el anhelo innato de la maternidad.
Pero la libertad de la mujer está estrechamente emparentada con la libertad del hombre, y muchas de mis autodenominadas hermanas emancipadas parecen pasar por alto el hecho de que un niño nacido en libertad necesita el amor y la devoción de cada ser humano que lo rodea, tanto del hombre como de la mujer.
Desafortunadamente, es esta concepción estrecha de las relaciones humanas la que ha provocado una gran tragedia en las vidas del hombre y de la mujer modernos.
Hace unos quince años apareció una obra de la pluma de la brillante noruega Laura Marholm, titulada LA MUJER, UN ESTUDIO DE CARÁCTER. Ella fue una de las primeras en llamar la atención sobre el vacíos y la estrechez de la concepción existente de la emancipación de la mujer, y su trágico efecto sobre la vida interior de esta. En su obra, Laura Marholm habla del destino de varias mujeres dotadas de fama internacional: * la genial Eleonora Duse; * la gran matemática y escritora Sonya Kovalevskaia; * la artista y de naturaleza poética Marie Bashkirtseff, fallecida tan joven. A través de cada descripción de las vidas de estas mujeres de mentalidad tan extraordinaria recorre un marcado rastro de anhelo