Si bien estaban comparativamente protegidas en los burdeles, donde representaban un cierto valor monetario, las chicas se encontraron ahora en la calle, absolutamente a merced de la policía ávida de sobornos.
Desesperadas, necesitadas de protección y ansiosas de afecto, estas jóvenes resultaron ser, naturalmente, una presa fácil para los cadets, que a su vez eran el resultado del espíritu de nuestra era comercial. Así, el sistema de los cadets fue la consecuencia directa de la persecución policial, la corrupción y el intento de supresión de la prostitución. Sería una absoluta locura confundir esta fase moderna del mal social con las causas de este último.
La mera represión y los decretos bárbaros solo pueden servir para enconar y degradar aún más a las desafortunadas víctimas de la ignorancia y la estupidez. Esta última ha alcanzado su máxima expresión en el proyecto de ley que pretende convertir el trato humanitario hacia las prostitutas en un delito, castigando a cualquiera que dé cobijo a una prostituta con cinco años de prisión y una multa de 10.000 dólares. Tal actitud no hace más que exponer la terrible falta de comprensión de las verdaderas causas de la prostitución como factor social, además de manifestar el espíritu puritano de los días de La letra escarlata.
No hay un solo escritor moderno en la materia que no se refiera a la absoluta inutilidad de los métodos legislativos para hacer frente al problema. Así, el Dr. Blaschko descubre que la represión gubernamental y las cruzadas morales no logran otra cosa que desviar el mal hacia cauces secretos, multiplicando sus peligros para la sociedad. Havelock Ellis, el investigador más minucioso y humano de la prostitución, demuestra mediante una gran cantidad de datos que cuanto más estrictos son los métodos de persecución, peor se vuelve la situación.