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PRISIONES: UN CRIMEN SOCIAL Y UN FRACASO

El Sr. Hugh C. Weir, en THE MENACE OF THE POLICE, cita el caso de Jim Flaherty, un criminal por pasión, quien, en lugar de ser salvado por la sociedad, es convertido en un borracho y un reincidente, con una familia arruinada y sumida en la pobreza como resultado.

Un tipo más patético es Archie, la víctima de la novela de Brand Whitlock, THE TURN OF THE BALANCE [El giro de la balanza], la mayor exposición estadounidense del crimen en gestación. Archie, aún más que Flaherty, fue empujado al crimen y a la muerte por la cruel inhumanidad de su entorno y por la persecución sin escrúpulos de la maquinaria de la ley.

Archie y Flaherty no son más que los prototipos de muchos miles, lo que demuestra cómo los aspectos legales del crimen, y los métodos para lidiar con él, contribuyen a crear la enfermedad que está socavando toda nuestra vida social.

"El criminal insano en realidad no puede ser considerado más criminal que un niño, ya que mentalmente se encuentra en la misma condición que un infante o un animal."3

La ley ya reconoce eso, pero solo en casos raros de naturaleza muy flagrante, o cuando la riqueza del culpable permite el lujo de la locura criminal.

Se ha vuelto bastante de moda ser víctima de la paranoia. Pero, en general, la «soberanía de la justicia» aún sigue castigando a los locos criminales con toda la severidad de su poder.

Así, el señor Ellis cita las estadísticas del doctor Richter que muestran que en Alemania, ciento seis dementes, de un total de ciento cuarenta y cuatro locos criminales, fueron condenados a un castigo severo.

El criminal ocasional «representa con mucho la mayor clase de nuestra población penitenciaria y, por tanto, es la mayor amenaza para el

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