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El sufragio femenino

se hacen creer que no tienen más que acariciar a la bestia para que se vuelva tan mansa como un cordero, dulce y pura. ¡Como si las mujeres no hubieran vendido sus votos, como si las políticas no pudieran ser compradas! Si su cuerpo puede ser comprado a cambio de una contraprestación material, ¿por qué no su voto? Que esto se está haciendo en Colorado y en otros estados no lo niegan ni siquiera aquellos que están a favor del sufragio femenino.

Como ya he dicho antes, la estrecha visión de la mujer sobre los asuntos humanos no es el único argumento en contra de su supuesta superioridad como política frente al hombre. Hay otros. Su tradicional parasitismo económico ha difuminado por completo su concepto del significado de la igualdad. Clama por la igualdad de derechos con los hombres, y sin embargo nos enteramos de que «a pocas mujeres les importa hacer campaña en distritos poco deseables».3 ¡Qué poco significa la igualdad para ellas en comparación con las mujeres rusas, que se enfrentan al infierno mismo por su ideal!

La mujer exige los mismos derechos que el hombre, y sin embargo se indigna de que su presencia no lo fulmine: él fuma, no se quita el sombrero y no salta de su asiento como un lacayo. Estas podrán ser cosas triviales, pero son no obstante la clave de la naturaleza de las sufragistas estadounidenses. Sin duda, sus hermanas inglesas han superado estas nociones tontas. Han demostrado estar a la altura de las mayores exigencias en cuanto a su carácter y su capacidad de resistencia. Todo honor al heroísmo y la fortaleza de las sufragettes inglesas. Gracias a sus métodos enérgicos y agresivos, han servido de inspiración para algunas de nuestras propias damas desvencijadas y sin agallas. Pero, a fin de cuentas, a las sufragettes también les sigue faltando aprecio por la verdadera igualdad. De otro modo, ¿cómo se explica el tremendo y

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