Casi lo logra en 1906, cuando Ferrer fue implicado en el atentado contra la vida de Alfonso. Las pruebas que lo exculpaban eran demasiado contundentes incluso para los cuervos negros;4 tuvieron que dejarlo ir, aunque no por mucho tiempo. Esperaron. Vaya que saben esperar cuando se han propuesto atrapar a una víctima.
El momento llegó por fin, durante el levantamiento antimilitarista en España, en julio de 1909. Habrá que buscar en vano en los anales de la historia revolucionaria para encontrar una protesta más notable contra el militarismo.
Sometido a los soldados durante siglos, el pueblo de España ya no pudo soportar más el yugo. Se negaría a participar en una matanza inútil. No veía razón alguna para ayudar a un gobierno despótico a someter y oprimir a un pequeño pueblo que luchaba por su independencia, como lo hacían los valientes rifeños. No, no tomarían las armas contra ellos.
Durante dieciocho siglos, la Iglesia católica ha predicado el evangelio de la paz. Sin embargo, cuando el pueblo realmente quiso hacer de este evangelio una realidad viva, ella instó a las autoridades a obligarlos a tomar las armas. Así, la dinastía de España siguió los métodos homicidas de la dinastía rusa; el pueblo fue obligado a ir al campo de batalla.
Entonces, y solo entonces, llegó a su fin su capacidad de resistencia.
Entonces, y solo entonces, los trabajadores de España se volvieron contra sus amos, contra aquellos que, como sanguijuelas, habían agotado sus fuerzas, su propia sangre vital. Sí, atacaron las iglesias y a los sacerdotes, pero aunque estos últimos tuvieran mil vidas, no podrían pagar jamás los terribles ultrajes y crímenes perpetrados contra el pueblo español.
Francisco Ferrer was arrested on the first of September, 1909. Until October first, his friends and comrades did not even know what had become of him. On that day a letter was received by