escenario». El cirujano ha sido olvidado, y Hauptmann se alza como una figura colosal ante el
Cuando DIE WEBER4 vio la luz por primera vez, se desató el pandemónium en el país de los pensadores y poetas.
«¿Qué», exclamaron los moralistas, «trabajadores, esclavos sucios y mugrientos, puestos sobre el escenario! ¿La pobreza con todos sus horrores y su fealdad servida como entretenimiento de sobremesa? ¡Eso ya es demasiado!⟯»
En verdad, era demasiado para la burguesía gorda y grasienta verse confrontada cara a cara con los horrores de la existencia del tejedor. Era demasiado por la verdad y la realidad que resonaron como un trueno en los oídos sordos de una sociedad autocomplaciente, ¡YO ACUSO!
Por supuesto, ya se sabía en general, incluso antes de la aparición de este drama, que el capital no puede engordar a menos que devore el trabajo, que la riqueza no puede acumularse sino a través de los canales de la pobreza, el hambre y el frío; pero es mejor mantener tales cosas en la oscuridad, no sea que las víctimas cobren conciencia de su situación. Pero el propósito del drama moderno es despertar la conciencia de los oprimidos; y ése era, en verdad, el propósito de Gerhardt Hauptmann al describir al mundo las condiciones de los tejedores en Silesia. Seres humanos trabajando dieciocho horas diarias, sin ganar lo suficiente para el pan y el combustible; seres humanos viviendo en chozas derruidas y miserables, medio cubiertas de nieve, y nada más que harapos para protegerse del frío; criaturas cubiertas de escorbuto por el hambre y la intemperie; mujeres embarazadas en la última fase de la tuberculosis.