Evidentemente, la policía estadounidense me atribuye poderes ocultos. Yo no conocía a Averbuch; de hecho, nunca antes había oído su nombre, y la única manera en que posiblemente podría haber «conspirado» con él habría sido en mi cuerpo astral. Pero, claro, a la policía no le importan la lógica ni la justicia. Lo que buscan es un blanco para encubrir su absoluta ignorancia de la causa y de la psicología de un acto político. ¿Era Averbuch anarquista? No hay pruebas concluyentes de ello. Llevaba solo tres meses en el país, no conocía el idioma y, hasta donde pude averiguar, era un perfecto desconocido para los anarquistas de Chicago.
¿Qué lo condujo a su acto? Averbuch, como la mayoría de los jóvenes inmigrantes rusos, creía sin duda en la libertad mítica de Estados Unidos. Recibió su primer bautismo a manos de la porra de un policía durante la brutal disolución del desfile de los desempleados. Experimentó además la igualdad y la oportunidad estadounidenses en sus