debe ser transformada lo antes posible, bajo pena de ser eliminada, y eso rápidamente, de la raza humana. ¡Salud a aquel que labora, sin importar por qué medios, para esta transformación! Es esta idea la que me ha guiado en mi duelo con la autoridad, pero como en este duelo solo he herido a mi adversario, le toca ahora a él golpearme.
—Ahora bien, caballeros, poco me importa la pena que podáis infligir, pues, mirando a esta asamblea con los ojos de la razón, no puedo evitar sonreír al veros a vosotros, átomos perdidos en la materia, y que razonáis solo porque poseéis una prolongación de la médula espinal, arrogaros el derecho de juzgar a uno de vuestros semejantes.
«¡Ah!, señores, qué poca cosa es vuestra asamblea y vuestro veredicto en la historia de la humanidad; y la historia humana, a su vez, es asimismo una muy poca cosa en el torbellino que la arrastra a través de la inmensidad, y que está destinado a desaparecer, o al menos a transformarse, para volver a empezar la misma historia y los mismos hechos, un juego verdaderamente perpetuo de fuerzas cósmicas que se renuevan y se transfieren por siempre».