perjurar con la misma facilidad, que es tan despiadada, tan brutal y astuta como sus colegas europeos, ha quedado demostrado en más de una ocasión. No tenemos más que recordar la tragedia del once de noviembre de 1887, conocida como la Revuelta de Haymarket.
Nadie que esté en absoluto familiarizado con el caso puede dudar de que los anarquistas, asesinados judicialmente en Chicago, murieron como víctimas de una prensa mentirosa y sangrienta y de una cruel conspiración policial. ¿No ha dicho el propio juez Gary: "No porque hayáis causado la bomba de Haymarket, sino porque sois anarquistas, estáis siendo juzgados"?
El análisis imparcial y minucioso que hizo el gobernador Altgeld de esa mancha en el escudo estadounidense corroboró la brutal franqueza del juez Gary. Fue esto lo que indujo a Altgeld a indultar a los tres anarquistas, ganándose con ello la estimación duradera de todos los hombres y mujeres amantes de la libertad en el mundo.