Víctimas de una benévola era cristiana, sin vida, sin esperanza, sin calor. ¡Ah, sí, era demasiado!
La versatilidad dramática de Hauptmann abarca todos los estratos de la vida social. Además de retratar el efecto aplastante de las condiciones económicas, aborda asimismo la lucha del individuo por su liberación mental y espiritual de la esclavitud de la convención y la tradición.
Así Heinrich, el fundidor de campanas, en el poema dramático en prosa DIE VERSUNKENE GLOCKE5, no logra alcanzar las cumbres de la libertad porque, como dijo Rautendelein, había vivido demasiado tiempo en el valle.
De igual modo, el doctor Vockerath y Anna Maar siguen siendo almas solitarias porque a ellos también les falta la fuerza para desafiar las tradiciones veneradas. Sin embargo, su propio fracaso debe despertar el espíritu rebelde contra un mundo que obstaculiza eternamente la emancipación individual y social.
Juventud6 de Max Halbe y Despertar de primavera7 de Wedekind son dramas que han difundido el pensamiento radical en una dirección completamente diferente. Tratan sobre el niño y la densa ignorancia y el puritanismo estrecho que salen al encuentro del despertar de la naturaleza. Particularmente esto es cierto en Despertar de primavera. Jóvenes muchachos y muchachas sacrificados en el altar de la falsa educación y de nuestra nauseabunda moralidad, que prohíbe la ilustración de la juventud en cuestiones tan imperativas para la salud y el bienestar de la sociedad: el origen de la vida y sus funciones. Muestra cómo una madre —y una madre verdaderamente buena, por añadidura— mantiene a su hija de catorce años en absoluta ignorancia en cuanto