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El drama moderno: Un poderoso difusor del pensamiento radical

existentes; en verdad, construye con trazos seguros los cimientos de un futuro más sano e ideal, basado en la soberanía del individuo dentro de un entorno social solidario.

Inglaterra, con sus grandes pioneros del pensamiento radical, los peregrinos intelectuales como Godwin, Robert Owen, Darwin, Spencer, William Morris y una multitud de otros; con sus maravillosas alondras de la libertad —Shelley, Byron, Keats— es otro ejemplo de la influencia del arte dramático.

En relativamente pocos años, las obras dramáticas de Shaw, Pinero, Galsworthy, Rann Kennedy, han llevado el pensamiento radical a oídos antes sordos incluso ante los portentosos poetas de la Gran Bretaña. Así, un público que permanece indiferente ante la lectura de un ensayo de Robert Owen sobre la Pobreza, o que ignora los opúsculos socialistas de Bernard Shaw, fue llevado a reflexionar mediante MAJOR BARBARA, donde la pobreza se describe como el mayor crimen de la civilización cristiana.

«La pobreza debilita, envilece, empequeñece a la gente; la pobreza engendra enfermedad, crimen, prostitución; en fin, la pobreza es responsable de todos los males y desgracias del mundo».

La pobreza también impone la dependencia, las organizaciones benéficas, instituciones que prosperan gracias a aquello mismo que intentan destruir. El Ejército de Salvación, por ejemplo, tal como se muestra en MAJOR BARBARA, combate la embriaguez; sin embargo, uno de sus mayores contribuyentes es Badger, un destilador de güisqui, que aporta anualmente miles de libras para erradicar la fuente misma de su riqueza.

Bernard Shaw concluye, por tanto, que el único benefactor real de la sociedad es un hombre como Undershaft, el padre de Bárbara, un fabricante de cañones, cuya teoría de la vida es que la pólvora es más fuerte que las palabras.

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