Pero su inflexible padre comienza a interrogarla de inmediato, insistiendo en sus «derechos paternales».
Magda se muestra indignada, pero poco a poco su insistencia saca a la luz la tragedia de su vida.
Se entera de que el respetado consejero Von Keller había sido en sus años de estudiante amante de Magda, mientras ella luchaba por su independencia económica y social.
La consecuencia del fugaz romance fue un hijo, abandonado por el hombre incluso antes de nacer.
El rígido padre militar de Magda exige como retribución al consejero Von Keller que legalice la relación amorosa. En vista del éxito social y profesional de Magda, Keller accede de buena gana, pero con la condición de que ella abandone los escenarios y coloque al niño en una institución.
La lucha entre lo Viejo y lo Nuevo culmina en las desafiantes palabras de Magda, la mujer que ha alcanzado una consciente independencia de pensamiento y acción:
«...Diré lo que pienso de ustedes—de ustedes y de su respetable sociedad. ¿Por qué he de ser peor que ustedes como para tener que prolongar mi existencia entre ustedes a base de una mentira! ¿Por qué este oro sobre mi cuerpo, y el brillo que rodea mi nombre, solo han de aumentar mi infamia? ¿No he trabajado de sol a sol durante diez largos años? ¿No he tejido este vestido con noches de insomnio? ¿No he construido mi carrera paso a paso, como miles de mi clase? ¿Por qué he de ruborizarme ante nadie? Soy yo misma, y a través de mí misma me he convertido en lo que soy».