por la represión previa, a tener hijos, sin importar su condición física debilitada o su incapacidad económica para criar una familia numerosa. La prevención, incluso mediante métodos seguros determinados científicamente, está absolutamente prohibida; es más, la mera mención del tema se considera un crimen.
Gracias a esta tiranía puritana, la mayoría de las mujeres pronto se encuentran al límite de sus recursos físicos. Enfermas y gastadas, son totalmente incapaces de brindar a sus hijos ni siquiera los cuidados elementales.
Eso, sumado a la presión económica, obliga a muchas mujeres a arriesgarse al máximo peligro antes que seguir dando vida. La costumbre de provocarse abortos ha alcanzado proporciones tan vastas en América que resulta casi increíble.
- Según recientes investigaciones en esta línea, se cometen diecisiete abortos por cada cien embarazos.
Este temible porcentaje representa únicamente los casos que llegan a conocimiento de los médicos. Teniendo en cuenta el secreto en el que esta práctica está necesariamente envuelta, y la consiguiente ineficacia y negligencia profesional, el puritanismo cobra continuamente miles de víctimas debido a su propia estupidez e hipocresía.
La prostitución, aunque perseguida, encarcelada y encadenada, es, sin embargo, el mayor triunfo del puritanismo. Es su hijo más querido, a pesar de toda su santurronería hipócrita.
La prostitución es la furia de nuestro siglo, que arrasa los países "civilizados" como un huracán y deja a su paso un rastro de enfermedad y desastre.
El único remedio que el puritanismo ofrece para este hijo mal engendrado es una mayor represión y una persecución más despiadada.