Entre otros datos, nos enteramos de que en Francia, "en 1560, Carlos IX abolió los burdeles mediante un edicto, pero el número de prostitutas no hizo más que aumentar, mientras que muchos burdeles nuevos aparecieron de formas imprevistas y resultaron más peligrosos. A pesar de toda esa legislación, O A CAUSA DE ELLA, no ha habido país en el que la prostitución haya desempeñado un papel más destacado".6
Una opinión pública educada, libre del hostigamiento legal y moral de la prostituta, es lo único que puede ayudar a mejorar las condiciones actuales.
Cerrar voluntariamente los ojos e ignorar el mal como un factor social de la vida moderna solo puede agravar las cosas. Debemos elevarnos por encima de nuestras necias nociones de "más virtuosos que tú" y aprender a reconocer en la prostituta un producto de las condiciones sociales.
Tal toma de conciencia barrerá la actitud de hipocresía y garantizará una mayor comprensión y un trato más humano. En cuanto a la erradicación total de la prostitución, nada puede lograrlo salvo una transvaloración completa de todos los valores aceptados —especialmente los morales—, junto con la abolición de la esclavitud industrial.