Además, conviene considerar que la pereza resulta ya sea de privilegios especiales, o de anormalidades físicas y mentales. Nuestro insensato sistema de producción actual fomenta ambas cosas, y el fenómeno más asombroso es que la gente quiera trabajar en absoluto hoy en día. El anarquismo aspira a despojar al trabajo de su aspecto adormecedor y apagado, de su pesadumbre y su compulsión. Aspira a hacer del trabajo un instrumento de alegría, de fuerza, de color, de verdadera armonía, de modo que el hombre más humilde encuentre en el trabajo tanto recreación como esperanza.
Para lograr semejante ordenamiento de la vida, hay que erradicar al gobierno, con sus medidas injustas, arbitrarias y represivas. En el mejor de los casos, este no ha hecho más que imponer un solo modo de vida a todos, sin tener en cuenta las variaciones y necesidades individuales y sociales.
Al destruir el gobierno y las leyes estatutarias, el anarquismo se propone rescatar el respeto propio y la independencia del individuo de toda restricción e invasión por parte de la autoridad.
- Solo en la libertad puede el hombre crecer hasta alcanzar su estatura plena.
- Solo en la libertad aprenderá a pensar y actuar, y a dar lo mejor de sí mismo.
- Solo en la libertad comprenderá la verdadera fuerza de los lazos sociales que unen a los hombres, y que son el verdadero fundamento de una vida social normal.
¿Pero qué pasa con la naturaleza humana? ¿Puede ser cambiada? Y si no es así, ¿perdurará bajo el anarquismo?
Pobre naturaleza humana, ¡cuántos crímenes horribles se han cometido en tu nombre!