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PRISIONES: UN CRIMEN SOCIAL Y UN FRACASO

Esto es más grave si consideramos que gran parte de este trabajo se realiza en reformatorios, que proclaman con tanta fuerza que están capacitando a sus internos para convertirse en ciudadanos útiles.

La tercera, y más importante, consideración es que los enormes beneficios así arrancados al trabajo de los convictos son un incentivo constante para que los contratistas exijan a sus infelices víctimas labores totalmente superiores a sus fuerzas, y los castiguen cruelmente cuando su trabajo no alcanza las exigencias excesivas que se les imponen.

Otra palabra sobre la condena de los presos a tareas en las que no pueden esperar ganarse la vida tras su liberación.

Indiana, por ejemplo, es un Estado que ha presumido enormemente de estar a la vanguardia de las mejoras penológicas modernas. Sin embargo, según el informe presentado en 1908 por la escuela de capacitación de su "reformatorio", 135 se dedicaban a la fabricación de cadenas, 207 a la de camisas y 255 a la fundición, lo que hace un total de 597 en tres ocupaciones.

Pero en este supuesto reformatorio los reclusos representaban 59 ocupaciones, 39 de las cuales estaban relacionadas con labores agrícolas. Indiana, al igual que otros Estados, afirma estar capacitando a los reclusos de su reformatorio en ocupaciones con las que podrán ganarse la vida cuando sean liberados. En realidad, los pone a trabajar haciendo cadenas, camisas y escobas; estas últimas en beneficio de la Louisville Fancy Grocery Co.

La fabricación de escobas es un oficio monopolizado en gran medida por ciegos, la confección de camisas la realizan mujeres, y solo hay una fábrica de cadenas libre en el Estado, en la cual un ex convicto no puede esperar conseguir empleo. Todo esto es una farsa cruel.

Si, por lo tanto, los Estados pueden ser instrumentos para robar a sus indefensas víctimas tan enormes ganancias, ¿no es hora ya de que el

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