para el dictador capaz de organizar para sus propios fines al pueblo y al ejército, y que llegó bajo la forma de Napoleón. Los proletarios ya no eran necesarios como aliados y, desunidos, ignorantes de principios y acostumbrados a confiar en los líderes, no pudieron hacer frente a la Sociedad —a la que, ciertamente, habían sacudido debido a sus disensiones internas, pero que aún no eran capaces de destruir—.
Un solo acontecimiento queda por mencionar, el intento de Babeuf y sus seguidores de conseguir que se reconociera una república proletaria; se ha llamado insurrección, pero nunca llegó a ser tal, ya que fue aplastada cuando aún no era más que el comienzo de una propaganda.
Babeuf y sus seguidores fueron sometidos a juicio en abril de 1796. Él y Darthé fueron condenados a muerte, pero se suicidaron 158 antes de que pudiera ejecutarse la sentencia. Otros diez fueron condenados a prisión y destierro; y así terminó la primera propaganda socialista.