distinción alguna entre la existencia humana y otras formas de existencia en la vida animal o en los objetos inanimados, siendo todos considerados por igual conscientes e inteligentes.
Por consiguiente, con el desarrollo de la civilización material, desde el dominio de las cosas por las personas hasta el de las personas por las cosas, y la escisión de la sociedad en dos clases, una clase poseedora y dominante, y otra no poseedora y dominada, surgió una condición de vida que brindó ocio para la observación y la reflexión a la primera, es decir, la clase privilegiada.
De esta reflexión surgió la distinción del hombre como un ser consciente aparte del resto de la naturaleza. A partir de esto se desarrolló a su vez una concepción dual de las cosas:
- por un lado estaba el hombre, familiar y conocido;
- por el otro la naturaleza, 294 misteriosa y relativamente desconocida.
En la propia naturaleza surgió una nueva distinción entre sus objetos visibles, considerados ahora como cosas inconscientes, y una supuesta fuerza motriz o «providencia» que actuaba sobre ellos desde la retaguardia. Esta fue concebida con un carácter semejante al del hombre, pero superior a la humanidad en conocimiento y poder, y ya no morando en los objetos naturales, sino fuera de ellos, moviéndolos y controlándolos.
Junto con esto surgió otro conjunto de concepciones duales: * primero, la distinción entre el individuo y la sociedad, y * segundo, dentro del individuo, la distinción entre el alma y el cuerpo. La religión se volvió entonces definitivamente sobrenatural, y al fin supersticiosa, en el verdadero sentido de la palabra