religiosos, y los ciudadanos libres fueron asentados en las tierras de determinadas localidades del territorio, sin relación topográfica alguna con su posición anterior en los clanes de parentesco. A excepción de los fines de unos pocos usos rituales, la propiedad individual sustituyó a la propiedad corporativa, y la sociedad de la antigua ciudad histórica quedó así completada en lo esencial: las federaciones de las ciudades así formadas, como las confederaciones dórica y jónica, no tuvieron tendencia alguna a consolidarse en imperios como en Oriente, sino que siguieron siendo verdaderas federaciones cuyas unidades seguían siendo ciudades soberanas, y que no desarrollaron ningún señor supremo destinado a convertirse gradualmente en la cabeza despótica de un sistema casi burocrático.24
El desarrollo de las ciudades nativas italianas, a diferencia de las colonias griegas en Italia, no difirió en ningún aspecto esencial del de Atenas, la cual puede considerarse como el tipo general de la antigua ciudad clásica, al margen de los desarrollos dorios, que siempre conservaron cierta apariencia de