capitalistas esclavistas y recaudadores de impuestos, los conquistadores del mundo antiguo, los condujo a una condición de caos de la cual tuvieron que ser rescatados por una burocracia imperial. Fue función de esta última, por un lado, mantener la paz entre los competidores 328 por una riqueza monstruosa y, por el otro, someter y pacificar al proletariado y a los bárbaros súbditos, de los cuales se alimentaba la oligarquía.
Una progresiva degradación siguió a la «Pax Romana» augustea; todo el gran poderío de Roma, el fruto de tantos siglos de energía y valor, fue prostituido para exprimir los impuestos del mundo romano; la propia forma de la sociedad urbana quedó reducida al absurdo mediante la venta de la ciudadanía, hasta que Caracalla abolió su mera forma al extenderla a todos los libertos.
Por fin, los ejércitos romanos pasaron a componerse enteramente de galos y godos, de armenios y árabes; no se hallaba un solo italiano dispuesto a luchar por su vida, y mucho menos por el simulacro de Estado, bueno solo para recaudar impuestos, que ahora representaba a la otrora gran ciudad.
Roma cayó, y con ella el Mundo Antiguo.
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