sociedad de desigualdad regida por un falso sentido convencional del deber, que produce el enredo necesario con el que avergonzar al héroe y a la heroína a lo largo del número debido de páginas. La literatura, sin embargo, no tiene por qué morir en absoluto; pues no podemos limitar ni prever el desarrollo del gran arte de la poesía, que tan poco ha cambiado en lo esencial desde los poemas homéricos.
Debemos señalar también la diferencia (que por lo general no se tiene en cuenta) entre la literatura como bellas artes y los innumerables libros útiles que son complementos, o más bien herramientas, para otras ocupaciones, entre las que se cuentan las ciencias físicas en todas sus ramas.
La ciencia, a su vez, se liberará de las cadenas utilitarias que el comercio le ha impuesto y, cultivada una vez más por sí misma, y no meramente como sirvienta del industrialismo lucrativo, cabe esperar que se desarrolle de un modo que hoy en día ni siquiera se sospecha.
Para volver otra vez al tema del arte propiamente dicho. De la música antigua sabemos poco a pesar de Aristóteles y Boecio. La música moderna comienza a finales de la Edad Media con el nacimiento del contrapunto; su gran desarrollo se ha producido durante los siglos XVIII y XIX, y 310 ha sido en su periodo inicial sincrónico con el periodo más degradado de todas las demás artes. La música clásica (técnicamente llamada así) parecería haber alcanzado su cenit hacia mediados del presente siglo; pero la gran revolución en la música dramática, efectuada por Wagner durante la segunda mitad del siglo, ha ocupado el campo por el momento, aunque no podemos prever qué desarrollos futuros pueda tener. De una cosa, sin embargo, podemos estar muy seguros: que bajo una condición social completamente cambiada, la música desarrollará estilos