Admitiendo que somos incapaces de concebir positivamente la vida del futuro, en la que el principio de la sociedad real será universalmente aceptado y aplicado en la práctica como un asunto cotidiano, sin embargo, el lado negativo de la cuestión todos podemos verlo, y la mayoría de nosotros no puede evitar tratar de llenar el vacío creado por la necesaria culminación del período meramente militante del socialismo.
La sociedad actual habrá desaparecido, con toda su parafernalia de controles y salvaguardias; eso lo sabemos con certeza.
No menos seguro sabemos cuál será el cimiento de la nueva sociedad. ¿Qué construirá la nueva sociedad sobre ese cimiento de libertad y cooperación? Ese es el problema sobre el cual no podemos hacer otra cosa que especular.
Debe entenderse, por lo tanto, que al dar este esbozo de la vida del futuro, no estamos dogmatizando, sino expresando únicamente nuestra opinión sobre lo que probablemente sucederá, la cual está por supuesto matizada por nuestros deseos y esperanzas personales.
Pedimos a nuestros lectores, por consiguiente, que no supongan que tenemos aquí la intención de hacer una exposición de hechos, o de profetizar en detalle la forma exacta que adoptarán las cosas; aunque en lo fundamental, lo que aquí escribimos será aceptado por la mayoría de los socialistas.
En cuanto al aspecto político de la nueva sociedad, la civilización emprende el gobierno de las personas mediante la coacción directa. El socialismo se ocuparía principalmente de la administración de las cosas, y solo de manera secundaria e indirecta tendría que ver 290 con el hábito y la conducta personales. La ley civil, por tanto, que es una institución basada esencialmente en la propiedad privada, dejaría de existir, y la ley penal, que tendería a volverse