Quizás el acto más constitucional de los rebeldes fue el juicio al Rey para decidir sobre su vida, del cual existía al menos un precedente en la condena de Eduardo II. Pero a medida que la lucha parlamentaria dio paso a la guerra civil, y quedó claro que los rebeldes saldrían derrotados a menos que se le diera el papel principal a la burguesía, este constitucionalismo pseudohistórico dio paso primero al republicanismo, con una infusión de teocracia, y finalmente a la dictadura del general victorioso, quien al final apenas pudo 116 tolerar el delgado velo de un Parlamento nominalmente independiente. Los efectos de la desilusión de los republicanos puristas, como el coronel Hutchinson, fueron reprimidos con severidad, y aún más los pequeños conatos de rebelión intentados por los entusiastas religiosos, entre quienes debemos contar a los Niveladores (Levellers), cuyas doctrinas incluían un encargo de naturaleza similar al presentado por Juan de Leiden en la primera mitad del siglo XVI.
Vale la pena señalar, como ilustración del crecimiento de un puritanismo generalizado en Inglaterra, que de hecho abarcaba a toda la población y al que ningún cambio político ha afectado demasiado, que ambos bandos en la lucha estaban imuidos de frases y ejemplos bíblicos, lo que demuestra, entre otras cosas, hasta qué punto la versión inglesa era leída por la población.
Por otra parte, la severidad del puritanismo triunfante y el férreo gobierno del Lord Protector hicieron que su administración fuera impopular entre un pueblo que siempre ha resentido cualquier clase de organización mecánica y rigurosa. 117
Los latitudinarios, que siempre habían sido los más numerosos, se convirtieron en los más poderosos, y al fin resultó tarea fácil para unos ambiciosos ávidos de poder lograr la restauración de la monarquía hereditaria en Gran Bretaña.