consumo de especie diferente a aquel que ha cambiado, puesto que en el dinero no hay diferencia inherente de calidad y, por lo tanto, cualquier diferencia que pueda haber ha de ser de cantidad. En consecuencia, el objeto del cambiador en esta segunda etapa es la cantidad, no la especie. Al llevar a cabo su proceso de cambio (cuya fórmula puede enunciarse así:
C-M-C-M'), el segundo cuanto de dinero debe ser 252 mayor que el primero, o de lo contrario habrá fracasado en su objetivo; habrá hecho un mal negocio, como suele decirse.
Por otra parte, aunque esta forma de cambio difiere esencialmente, no obstante se conecta con la forma anterior, en la que el dinero aparece solo como el término medio entre mercancía y mercancía, distinguiéndose así del simple trueque, porque incluso en la forma posterior el resultado de la transacción del comerciante es una mercancía con la que se propone iniciar una nueva transacción—
C-M-C-M-C.
Esta es la forma de intercambio que constituía la práctica del mundo clásico desarrollado en sus operaciones comerciales.
La descomposición del Imperio romano, y la confusión que le siguió, dislocaron este comercio y devolvieron en gran medida el intercambio a su forma anterior y más simple de trueque de una mercancía por dinero con el cual comprar otra mercancía destinada a ser consumida, lo cual constituyó en su mayor parte el carácter del intercambio de la Edad Media.
La segunda forma de intercambio conduce sin interrupción a la tercera o moderna 253 forma del Intercambio Capitalista, en la cual el cambiador, comenzando con dinero, compra una mercancía para cambiarla por