donde las viviendas, que incluirían algunos de los colegios antes mencionados, deberían ser
Podríamos seguir aportando sugerencias en las cuales, sin embargo, tal como se indicó antes, es seguro que se produzcan divisiones cruzadas.
Lo que hemos dado, sin embargo, nos parece bastante, pues son claramente el fruto de nuestras propias prevenciones. Una cosa, no obstante, deben dar por sentada todos estos esquemas como cuestión de principio, a saber: la abolición de todo antagonismo entre la ciudad y el campo, y de toda tendencia de la una a chupar la vida del otro.
Por lo que respecta a la educación, debe 317 tenerse en cuenta que esta ha de dejar necesariamente de ser una preparación para una vida de éxito comercial, por un lado, o de trabajo irresponsable, por el otro; y, por tanto, en ambos casos, un ejercicio breve y superficial con un objetivo determinado, más o menos sórdido, en vista.
Se convertirá más bien en el hábito de aprovechar al máximo las facultades del individuo en todas las direcciones hacia las que le guíe su innata disposición; de modo que ningún hombre «terminará» nunca su educación mientras viva, y su formación temprana no quedará jamás atrás como un mero desperdicio, tal como ocurre la mayoría de las veces hoy en día.
En lo que llevamos dicho solo nos hemos ocupado de algunos de los principios elementales del socialismo triunfante, y de ciertos aspectos de la vida derivados de ellos que se encuentran más a flor de piel; pero al menos hemos intentado dejar clara nuestra convicción de que, en el nuevo orden de cosas, si bien nadie se verá obstaculizado por falsas ideas del deber, todos tendrán ante sí un amplio ideal mediante el cual podrán regular su conducta con seguridad y tranquilidad de espíritu.
Él 318 hallará su placer en la satisfacción, primero, de sus deseos corporales, y luego de las necesidades intelectuales, morales y estéticas